La LIBERTAD DE PRENSA es un logro
de nuestros días que debemos proteger, porque no hay libertad real, democracia
auténtica, sin una verdadera prensa libre.
Aprendamos a disfrutar cuando
escuchemos o leamos noticias distintas a las de las ruedas de prensa, diferentes
a las de los gabinetes oficiales o a las de los rotativos, diarios hablados o
telediarios, públicos o privados, servidores de los poderes públicos.
Deleitémonos al escuchar o leer opiniones diferentes a las nuestras, y de ver
impresas críticas hacia los poderes públicos, regocijémonos escuchando palabras
antisistema... Siempre que esto ocurra estamos de enhorabuena porque
presenciamos actitudes que, desgraciadamente, están en peligro de extinción.
En peligro de extinción
porque el sistema cercena la crítica a los poderes públicos, partidarios de
periodistas a sueldo. Y es verdad que en España, hoy, no tiene mérito opinar,
porque podemos hablar de prensa, de radio, de televisiones libres.
Otra cosa es que el
sistema oprime a periodistas mal pagados, que se autocensuran para no molestar
a sus jefes y, por el contrario, premia a los periodistas leales, haciéndolos
ricos de verdad, a cambio de imponer la mentira y la arbitrariedad precisamente
donde debería reinar la verdad y la parcialidad.
Pero hay parcelas de
libertad, de prensa libre, que alumbran la oscuridad política y económica y
enseñan el camino, plagado de dificultades, a una sociedad que necesita estar
informada para ser verdaderamente libre.
Y en el día de la LIBERTAD
DE PRENSA, alegrémonos por esas parcelas informativas, por esa siembra de
verdad, que no sólo amenaza la corrupción política y económica, sino que
también anuncia nuevos cultivos de información al servicio de la sociedad y no
al de unos pocos.
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